Se Valiente, Se Audaz

“Nunca jamás habrá un profeta como Moshe ,,,y todo lo que él hizo en plena vista de todo Israel.” – Devarim 34:12

En estos últimos posukim de la Torah, HASHEM, recuenta la grandeza de Moshe Rabbeinu.

Rashi enseña que “todo lo que él hizo en plena vista de Israel” se refiere al rompimiento de los luchos.  Cuando Moshe bajo del Har Sinai, el vio al pueblo de Israel adorando al becerro de oro.  El tomó los luchos y delante de la nación entera, las rompió contra las rocas.  Después, HASHEM le dijo a Moshe, “Yasher koach. hiciste bien.”

Mucho peor que quemar el sefer Torah

Éste Rashi es difícil de entender.  Mientras que nos muestra lo audaz que fue Moshe Rabbeinu, también surge la siguiente pregunta:  ¿qué derecho tuvo él para romper los luchos?”  Los luchos no eran de su propiedad;  le pertenecían a HAHSEM.  Moshe fue mandado como un empresario para traérselos al pueblo Hebreo.  Si Moshe vio que el pueblo Hebreo no merecían recibirlos, entonces el debió habérselo regresado a su debido dueño y debió preguntarle que Él deseaba hacer con ellos.

Lo que hace esta pregunta aún mas difícil es que los luchos estaban entre los artículos más sagrados que hubiesen sido creado.  Aún así, por generaciones los pedazos rotos fueron guardados en el Aron y transportados por el pueblo de Israel.  Destruirlos fue mucho peor, que quemar el sefer Torah.  ¡Y aún más que haber encendido a un shul!  Para Moshe haberlas roto parece ser completamente inapropiado.  No solamente Moshe hizo esto, la Torah lo muestra como ejemplo de su grandeza.

La respuesta a esta pregunta está basada en el entendimiento del role del hombre en el mundo.  Cuando HASHEM creo al hombre, Él le dio las llaves de la Creación. Como nos dice el Medrash, HASHEM le dijo a Adam, “Este es tu mundo ahora.  Tu estas encargado de el; cuida mucho de no destruirlo.”

Se Audaz, Se Valiente

Moshe sabía su role como líder del pueblo Hebreo, y el sabía que a veces hay situaciones que requieren decisiones de valentía.  El se sintió que el pueble Hebreo tenía que reconocer la extremada gravedad de lo que ellos habían hecho.  Para que ellos pudieran entender la magnitud de su pecado, ellos necesitaban ver claramente un mensaje visual – casi como terapia de choque.  Nada hubiese sido tan vívidamente, como ver este sagrado objeto ser destruido.  Y así fue como Moshe actuó sobre ello.  Él no titubeó.  Él no vaciló. Él no le pregunto a HASHEM, “¿Cree Usted que es una buena idea?”  El era el hombre allí en la escena, con el cargo de líder, y como líder, el sintió que era su responsabilidad de enseñarle a la nación.  Ésta era la lección que ellos tenían que oír.  Entonces, ¿cual era la pregunta? ¡Hazlo!

Este punto es especialmente poderoso porque Moshe en la Torah es llamado como el hombre más humilde que ha existido en toda la vida. Típicamente cuando nosotros pensamos sobre una persona humilde, pensamos en una persona que es sumiso y indeciso, no un hombre que es audaz y valiente.  Sin embargo este hombre de gran humildad actuó con tanto pudor y convicción que casi suena contradictorio al concepto de lo que es la humildad.

La razón de esta paradoja, se refiere al auto-imagen; la mayoría del mundo se encuentra en posiciones de polares opuestos.  O bien, una persona se siente incompleto, incumplido e insignificante, y así vive su vida tratando de compensar por ese sentido de insuficiencia, o se vuelve auto-engreído.  “Yo soy importante, significante, poderoso, y grandioso.”  Esa persona pierde tanto tiempo y energía manteniendo ese sentido de auto-grandeza que tiene que soplar y resoplar para que su existencia se mantenga de puras palabras huecas. Estos dos extremos son incorrectas.

Joe el operador de grúa

Un mejor entendimiento del sentido del balance dentro de uno mismo se puede explicar con un moshol.  Imagínese que usted está pasando por un lugar de construcción y en el medio usted ve una grúa grande.  Esta grúa esta recogiendo una suma grandísima de materiales con cada carga—piedras enormes, montones de tierra.  Adentro de la cabina se sienta Joe, el operador de la grúa. Usted mira a Joe y no puede evitar de darse de cuenta que él tiene bastantes libras de sobrepeso. Su barriga le sobresale el cinturón.  Entonces observa que Joe es un fumador empedernido, fumando un cigarrillo detrás del otro sin parrar.

Usted se acerca a Joe y inocentemente le dice, “Joe, de veras que debería de cuidar su salud.  Tal vez debería de inscribirse en un gimnasio y hacer ejercicios.  Ponerse en la línea.”  Joe se da vuelta asombrado hacia usted y dice, “¿Yo, hacer ejercicio? ¿Acaso no puede ver lo que yo hago para ganarme la vida? Todo lo que yo hago es levantar cargas pesadas – miles de libras, moviendo, moviendo, moviendo.  Yo no necesito hacer ejercicios – eso es lo que hago todo el día.”

Usted mira a Joe y le dice, “Usted no es el que está levantando la carga.  ¡La grúa es el que lo está levantando!  Usted es solamente la persona que está dentro manipulando las palancas.”

Ésta es una parábola adecuada para el ser humano.  HASHEM formó al ser humano – la cima de la Creación. El hombre es la razón de todo en la existencia y el centro de todo.  Además, el ser humano ha sido invertido con poderes fantásticos.  Puede pensar; puede hacer; puede alcanzar.  Tiene una mente inteligente, creativa, intuitiva, y brillante.  Toda persona debe de sentirse inmensamente orgulloso porque él es el centro del universo.

Pero, su orgullo está templado con el entendimiento de “Yo soy la persona dentro de la grúa.”   A mi me pusieron dentro de este cuerpo.  Yo no hice el cerebro.  Yo no se mucho sobre el tejido de las neuronas o de la elasticidad de la piel.  Yo soy el pequeño hombre dentro quien mueve las palancas para que cosas poderosos pasen.

Entonces, ¿soy grandioso o soy algo mínimo?  La respuesta es ambas.  La grúa que yo manejo es un ser humano.  Y como tal, puede alcanzar mundos.  Es fuerte, poderoso, e importante; fue creado en la imagen de HASHEM y es merecedor de gran respeto.  A la misma vez, yo soy ese pequeño hombre que se sienta adentro.  Yo soy Joe, el operador de la grúa.  Yo muevo las palancas, y ésta creación potente mueve, hace y logra.  La grúa es enorme pero yo soy pequeño.

Moshe Rabbeinu entendió esto totalmente, y como tal, era fantásticamente humilde.  Aún así el entendió su role y su importancia.  Cuando llegó la hora de actuar, él fue audaz porque el entendió la grandeza de su posición en el mundo.  Y aun todavía permaneció constantemente modesto.

Ésta modesta perspectiva nos permite entender nuestra grandeza interna mientras que mantenemos nuestro sentido de humildad, recordándonos que valió la pena de crear el cosmos en su totalidad para mi solamente.  Yo soy simplemente una creación y servidor de HASHEM.

Este es un extracto del Shmuz en el libro de Parsha..

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