Matos: Dos Elementos del Pecado

Si bien un neder es un juramento vinculante, existen métodos como anularlo.  Por ejemplo, si un esposo se da cuenta del neder de su esposa y piensa que es inapropiado, el puede rechazarlo considerándolo no vinculante. Este rechazo puede ser con o sin su consentimiento. La Torah dice que si un esposo rechaza el neder de su esposa, HASHEM la perdonará.

Rashi se fastidia con la expresión “HASHEM la perdonará.” Si una mujer hizo un neder y su esposo lo anula, no hay nada que le sea vinculante. ¿Para qué necesita ella el perdón?

Si su juramento fue anulado, ¿por qué ella necesita perdón?

Rashi explica que ésto se refiere al caso en que una mujer hizo un neder, su esposo lo escuchó por casualidad  y lo anuló, pero ella nunca supo de eso. En la mente de ella, el neder todavía seguía en pie. Si ella hubiese quebrantado su neder, si ella hubiese hecho aquello que ella juró no hacer, aunque su neder fuese absuelto, ella todavía hubiese necesitado perdón.

Esta explicación parece difícil de entender. Si, de hecho, su esposo hubiese deshecho el neder exitosamente, entonces no hubiese sido vinculante. Pero si sí lo fue, ella no habría hecho nada malo. La pregunta es:  ¿Para qué necesita ella el perdón?

Me senté a comer un cheeseburger, y resultó ser con queso de soya

Esto equivale a una situación en la que, por alguna razón, decidí comer un cheeseburger. Después que me lo comí, me enteré que realmente no era un cheeseburger. Sin que yo supiese, alguien cambió el queso por un producto de imitación queso hecho de frijol de soya. La carne era kosher, y la imitación queso no era producto lácteo. El emparedado terminó siendo kosher. En ese caso, no comí treif, y entonces no necesité expiación. De igual manera con la mujer cuyo esposo anuló su juramento, aunque ella no hubiese dado cuenta de ello, ella no habría quebrantado su palabra, y por lo tanto, no necesitaría ser perdonada.

Dos elementos para cada pecado

La respuesta a la pregunta antes mencionada es que hay dos elementos para cada pecado. El primer elemento es el daňo que nos hace. HASHEM dió la Tora como el mejor sistema de auto-perfección. Cada mitzvah es parte del programa que nos ayuda a crecer y a formarnos en lo que vamos a ser para la eternidad. Por otro lado, cada aveirah nos daňa. Cada pecado ha sido seňalado por el Creador para contener ingredientes, tanto para impedir el crecimiento espiritual así como el de daňar directamente.

Tal vez no podamos ver los efectos de comer comidas prohibidas; sin embargo, nos dejan una marca imborrable. La Gemara nos dice que la comida treif entorpece el corazón. Cuando se la consume, se torna más dificultoso experimentar la presencia de HASHEM. La comida treif hace más difícil el que uno pueda sentir Shabbos. También se hace más difícil para uno experimentar el dolor de otro judío. Por esa razón, HASHEM nos prohibe comerla, y nos advierte de no comerla.

Ese es el primer elemento de cada pecado—el daňo directo que nos causa. Pero cada pecado tiene un segundo elemento:  El Creador nos ordenó a no cometerlo.

HASHEM me creó, me mantiene vivo, provee mi sustento, y cuida de mis intereses las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Esa es razón suficiente para mí, para obedecer a HASHEM. Pero aún si HASHEM no estuviese involucrado en mi vida, sólo el hecho de que el Rey de Reyes, el Amo del Universo me ordene algo, quedo obligada a ello. Sepa yo o no la razón, sea que haya una razón o no, si el Rey me ordena que haga algo, yo estoy obligada a cumplirlo. Si quebrantase la voluntad del Rey, eso se consideraría un atrevimiento.

Esta parecería ser la respuesta a la pregunta de Rashi. En el caso de la mujer, cuyo neder fue anulado, ella desconocía que su esposo había deshecho su neder. En la mente de ella, lo que ella estaba haciendo era prohibido. Ella estaba quebrantando el mandamiento del Rey. Y eso que tuvo suerte, porque realmente el daňo del pecado no estaba allí precisamente, ya que la esencia del neder ya no existía. Aún así, ella actuó en contra de lo que ella entendía ser el mandato del Rey, ella hizo caso omiso a los deseos del Rey y es por eso que ella requería kapparah.

Este concepto es de gran relevancia para nosotros. Muchas veces tomamos la actitud de que es bueno hacer mitzvahs, porque nos beneficiamos haciéndolas y nos ayuda. Pero tanto como el seguir una buena dieta y ejercicios, vemos que el hacer mitzvahs es lo que realmente deberíamos hacer. Y si bien ésto es cierto, existe una dimensión totalmente diferente cuando cumplimos con las mitzvahs y se nos ordena cumplirlas. La palabra ”mitzvahs” viene de la raíz “ordenar.” Las Mitzvahs no son sugerencias, ni precedimientos que se recomiendan; estamos obligados a hacerlas.

No hay otra prerrogativa cuando se trata de mitzvahs. Aunque HASHEM me las ha dado para mi bien y para mi crecimiento espiritual, yo no fui quien escogió el programa ni se me concedió el derecho a optar por salirme de él. Me guste o no, HASHEM me ha puesto en esta senda. Así me agrade o no, el Rey me ha ordenado diversas actividades que son para mi bien.

HASHEM nos ha ordenado ha hacer ciertas actividades y a seguir un estilo de vida que es para nuestro propio beneficio,  y aún si no reconozcamos plenamente su valor y lo precioso de ello, llegará el día—ya sea en esta vida o cuando dejemos esta tierra—en que reconoceremos el valor extraordinario y la preciosidad de cada una de las mitzvahs. Será entonces cuando agradeceremos a HASHEM por ponernos en la senda hacia la grandeza. Por esta razón, HASHEM nos ordena mantener estas mitzvahs—con el entendimiento de que, en un punto dado, estaremos eternamente agradecidos por la gran oportunidad que es la vida misma.